Tengo una mala noticia para los nostálgicos. Todos los que os habéis subido al 309 espero que lo hayáis disfrutado, pues está vendido y nunca mejor dicho.
Todo ha ocurrido cuando mi padre a cumplido una de sus ya legendarias amenazas, la de comprar un coche. Como no podía ser de otra manera el coche nuevo es un peugeot, en esta ocasión un 407 bastante majo, pero toda acción trae consecuencias. Las consecuencias de esta compra ha sido la venta del 309, más conocido como "la bala roja".
Ahora todo en mí es una nostalgia. Cierto es que llevaba como un mes parado en la puerta de mi casa, sin que nadie le hiciera caso, no menos cierto es que en verano ese coche es poco menos que un horno, que crujía al arrancar y que frenaba menos que Lewis Hamilton, pero era un compañero de viajes.
Ahora se me vienen a la memoria toda clase de recuerdos en él, ya sean los numerosos viajes con Óscar y Abel a dónde quiera que nos apeteciese, hasta la llegada del también difunto Opel Kadet de "el Peluchos" o las pocas apariciones del, recientemente reformado Ford Sierra de Óscar, pero ellos no vivieron el viaje a Lorca o a Caravaca, y las numerosas salidas al 40 grados, a Lo Pagán (donde siempre perdíamos el coche y no lo encontrábamos hasta un buen rato) o donde se nos ocurriera. Recuerdo que después de que Abel dijese que con ese coche jamás llegaríamos a tiempo a ver la carrera de F1, se encabritó y llegó a rozar los 190km/h, cosa que repitió a la vuelta de Caravaca, una maquina al borde de la muerte.
Recuerdo la dificultad de que Diego se bajase del coche cuando le hacía ahorrarse a penas 500 metros hasta su casa. Los viajes con Miguel y Beni, los viajes a los conciertos con el propio Beni y Rosa al de "El Canto del Loco"; con Joa, Ra, Luis y compañía a varios otros; o con Ana y Bea al último de Estopa.
Últimamente lo he sustituido ya sea por el 405 de mi padre (mi transporte de ahora en adelante) o el 206 de mi madre (el que llevo últimamente), coches más limpios, más sanos y con aire acondicionado, pero sin el mismo carisma. Un coche con estado de ánimo propio, que lo mismo te abría todas las puertas, que solo una o a veces 3, depende como le viniese el día.
Y siendo yo, no puedo hacer menos que dedicarle un vídeo de los míos, porque se lo ha ganado durante sus
16 años que ha permanecido en la familia Samper, con los viajes, los partidos en NC, el llevar a los tatuajes a Óscar y Abel, los conciertos y, y como no, su último viaje, honor que ha correspondido a mi padre, todo ello aderezado con la canción de "La chispa adecuada" de los Héroes del Silencio. Como diría
Agustín Jimenez, un coche turbo, que lo turbo mi abuelo, lo turbo mi padre y ahora lo tengo yo... o lo tenía.
Albert Espinosa escribió en "El Mundo Amarillo" que cuando te despedías de algo importante para tí (el lo hizo de su pierna) tienes que celebrar una fiesta donde reúnas a todos los que tengan que ver con lo que pierdas (él por ejemplo invitó a un portero que le colo un gol con esa pierna, o con una chica con la que hacía juegos debajo de la mesa), creo que eso es lo que me ha faltado, hacer la fiesta del coche antes de deshacernos de él, fue todo tan precipitado en la tarde de ayer...
Adiós Compañero.
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